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-En Burlesque Fanzine

Nací en 1984.
Y a los pocos meses volví a nacer.
No sé la fecha exacta porque en mi casa
siempre ha sido un tema tabú.
Nunca oí hablar del tema
-de mi segundo nacimiento-,
y cuando digo nunca, es nunca.

No hay fotos porque las cosas malas
no se fotografían,
pero si hay una muñeca de trapo
que recuerda que fue real.

No sé la fecha exacta en que volví a nacer
pero seguía siendo 1984 y de alguna manera
todo el mundo nacía por segunda vez.

Cuando tenía seis o siete u ocho años
tenía muchos amigos,
pero ninguno de verdad.

Pasaba las horas jugando a decorar el comedor
-gigante para mi entonces con
pequeños ambientes en miniatura.

Mi preferido era el barco pirata,
que contenía
todo lo que un buen pirata debía tener:
Muchos barriles,
cuerdas,
cañones,
bombas,
una gran tripulación,
un loro de colores,
un mono con pantaloncito rosa…
-todo lo que un pirata desearía tener-.
Y como no podía ser de otra manera
estaba capitaneado por una mujer,
y su nombre era Molly.
Recuerdo que le puse apellido,
pero no recuerdo cual.

Había nacido para reinventarme
y estaba convencida de que las mujeres,
algún día, dominarían el mundo.
Recuerdo también que mi abuela
me incluía en las tertulias nocturnas
a la luz de las farolas.

Mi abuela es la capitana
-pensaba yo orgullosa porque
toda su tripulación elegía siempre
su puerta para posar sus sillas.
La mía era la más pequeña
y siempre estaba al lado de la de mi abuela.

Me gustaba esperar al domingo
para disfrutar de una buena taza de chocolate
caliente.
A veces se acompañaba con bizcochos
que compraban a kilo en la tienda del barrio.

El aire olía diferente en los 80.
Y a veces, muy pocas veces,
me llega una brisa inesperada de entonces
y me parece escuchar las voces
de mis compañeros de juegos, y el susurro
de mi hermana pidiendo ser
caballito blanco.
Me pasaba la semana acumulando
botellas de plástico vacías, botes
de detergente y cualquier objeto similar
para jugar a bote botero.

Se admiraba a quien conseguía el bote
y a mí,
como a todos mis amigos de bote,
me gustaba ser admirada.

Los ruidos de cacerolas también invaden mi mente
en algunas ocasiones, y el sabor
a Nocilla y Cola-cao en la boca.

Encontrar una canica en el parque,
olvidada por algún niño descuidado,
era como encontrar el tesoro
de los piratas que escondía
en la isla desierta.

Y las chapas… en las chapas
yo era una privilegiada porque
como mi padre tenía un bar
podía abastecer a todos los niños del barrio
solo con mis chapas.
En aquellos momentos me sentía poderosa.

Lejos quedaban los noticieros
que ahora ponen banda sonora a mi comida.
Pasaba horas frente a la tele ,
veía series y dibujos animados, culebrones.
Lo que mejor recuerdo,
sin duda alguna,
es la tele.

Algunos dicen que los nacidos en los 80
pertenecemos a la última generación cuerda.
Quizá sí…
quizá no.

Nací en 1984,
y volví a nacer de nuevo en 1984.
Muchos nacieron en 1984,
y volvieron a nacer de nuevo en 1984.

Y a cada uno nos llega
una brisa diferente.

A.M.

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