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No es la soledad lo que espanta, sino las voces que la pueblan.
Víctor Hugo

SOLO PUEDES CONOCERTE A TI MISMO EN PROFUNDA SOLEDAD.

Normalmente, lo que sabemos de nosotros mismos es la opinión de los
demás. Si te dicen «eres bueno», crees que eres bueno. Si te dicen «eres
guapo», crees que eres guapo. Si te dicen «eres malo», o feo… o lo que
sea que te digan, lo vas acumulando, y se convierte en tu identidad. Es
algo completamente falso, porque nadie puede conocerte, nadie puede
saber quién eres excepto tú mismo. Sepan lo que sepan, se trata solo de ciertos aspectos, de aspectos muy superficiales. Sepan lo que sepan, se trata tan solo de situaciones momentáneas: no pueden llegar hasta el centro mismo de tu ser. Ni siquiera tu amante. Estás totalmente solo y
solo tú puedes llegar a saber quién eres. Pasamos la vida creyéndonos lo
que dicen los demás, dependientes de los demás, y por eso tememos
tanto su opinión. Si piensan que eres malo, te haces malo. Si te censuran,tú también te censuras. Si dicen que eres un pecador, empiezas a sentirte culpable. Porque dependes de sus opiniones tienes que ajustarte a sus ideas continuamente; si no, cambiarán de opinión. Esto genera una
esclavitud, una esclavitud muy sutil. Si quieres que te consideren bueno,
noble, guapo, inteligente, tienes que hacer concesiones, compromisos con
las personas de las que dependes.
Y surge otro problema, porque tantas personas llenan tu mente de
opiniones distintas, opiniones opuestas. Una opinión se contradice con
otra, y eso te crea gran confusión. El uno te dice que eres muy
inteligente, el otro que eres tonto. ¿Cómo decidir? Y así, te sientes
dividido. Empiezas a albergar sospechas sobre ti mismo, sobre quién
eres… la indecisión. Y la dificultad es grande, porque a tu alrededor hay
miles de personas.
Te pones en contacto con muchas personas, y todas te meten esta
idea en la cabeza. Y nadie te conoce —ni siquiera tú mismo—, de modo que todo se lía en tu interior. Para volverse loco, con tantas voces en tu
interior. Siempre que preguntes quién eres, recibirás múltiples respuestas.
Unas de tu madre, otras de tu padre, otras de tu profesor, y así
sucesivamente: imposible decidir cuál es la correcta. ¿Cómo tomar una
decisión? ¿Cuál es el criterio? Ahí es donde nos perdemos: en el
desconocimiento de nosotros mismos.

Osho

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