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Leo a los poetas confesionales
y me pregunto
si acabaré como ellos.

Si agudizaré tanto
el oído al alma
que éste terminará
por asfixiarme.

Quizá de monóxido de carbono,
quizá de agua
abundante en los pulmones.

Quién sabe si narcotizada
en un hostal perdido
en cualquier carretera
secundaria.

A.M.

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