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No me gusta nada de lo que escribo
y sin embargo sigo escribiendo.

Debo ser masoquista porque disfruto
siendo maltratada y humillada
una y otra vez
por este demonio
que se me clava en el pecho
e intenta asfixiarme.

No leo nada de lo que escribo
para no defraudarme.

El orgullo busca su sitio
entre tanta humillación.
Podría decir que ahora
ya es algo personal entre tú,
mi querido demonio, y yo.

A.M.

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