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Llaman al timbre. No tienes prisa en abrir. Llaman una segunda vez. “Comida china”. Te da la comida. Le das el dinero. Olvidas que mañana quizá necesites la vuelta, pero hoy te sientes generosa. “Quédatelo”. Te sonríe. Tú le cierras la puerta. Arroz tres delicias. Pollo con almendras. Pan chino. Siempre lo mismo. Bostezas. Te tocas la cabeza, podría estallarte en cualquier momento. Pero no lo hará. “Lástima”. Te gustaría que lo hiciera. Te miras al espejo. “¡Mierda!”. Bebes un par de tragos de una botella de agua caliente encima de la mesa. Comida china. Arroz tres delicias. Resaca. Siempre lo mismo.

A.M.

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