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Leía atentamente un libro.
Uno con pasta negra y por lo grueso
bien podía tratarse de El Quijote,
pero no lo era.
No pestañeaba,
estaba inmersa en él.
Por unas horas había desaparecido
de su vida, la había congelado,
para vivir la vida de otro.
Y los problemas
se habían marchado.

A.M.

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