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Deja que salga.
Déjalo que asome.
Y cuando lo haga
le cortamos la cabeza.
Si no te gusta destrúyelo.
Dialoga con él.
Cuéntale lo que piensas. Lo que sientes.
Como te hace sentir.
Nunca le digas que te crees menos que él
porque entonces se hincha y aflora.
Háblale de lo que eres, cuéntale tu pasado.
Háblale si quieres también de él
y de por qué existe.
Quién sabe si sienta compasión de ti y desaparezca.
Aunque me atrevería a decir que no
porque él se cree superior. Cuéntaselo.
Dile lo mucho que le odias y que acabarás con él.
Que no permitirás un triunfo más
en su lista de trofeos. Que se acabó
el salir a su sombra y pasear de su mano.
Que eres libre y eliges perderle de vista.
Pero no te engañes.
No te vale con eso.
Necesitas matarle.
Verle pálido y muerto,
y comprobar varias veces su pulso.
Sólo así podrás levantar la cabeza para siempre …
y olvidar el monstruo
en el que un día
te convertiste.

A.M.


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